
Cosa triste cuando alguien muere, dormir sola después de tantos años y reinventar las pequeñas costumbres que nos hacemos a lo largo de la vida en común. Pero, quien deja morir a quien?
Guardar cosas, ponerles fechas, saber que están ahí en algún rincón de casa, hacerlas parte de cada hogar en donde estés. Te deje morir?
Si tengo tu imagen tan cerca como abrir una caja, y sacarte de entre papelitos. Te he empezado a olvidar?
Renovarse.
Felicidad: cuestión de darse cuenta de lo que tenemos a un lado y ser felices por eso. Qué nos hace estar solos o acompañados? Cuándo un ruido es ensordecedor, o el silencio aplastante? Dónde es realmente lejos? cuantas veces hay que decirlo para que sea realmente en serio.
Cuanta promesa guarda un pequeño objeto? Dónde se pone para darle menos o mas importancia? Cómo puede ser una fotografía algo sin vida, cuando mueve a la sonrisa detrás del lente?
Qué lugar ocuparé de entre la caja de los papeles? de color será el mío? cuantos dobleces me pondrá para al final verme?
Ojalá tenga olor mi recuerdo, a ese de velitas encendidas para antes de dormir, un sobre desgastado de tanto abrirse, con manchas de tiempo.
Se empieza a morir, cuando no dejas ir a otros, nos vamos empalmando el los lugares hasta que el aire se hace denso, la oscuridad repleta y el espacio mas solo.
Separarse del todo implica dejar morir, dormir solo, y guardar los retratos. Empezar de nuevo las rutinas.
Olvidarse.
Usar palabras nuevas, promesas distintas, cambiarse el traje.
Aceptar el bien, sin ponerse a pensar en fechas de caducidad o, si después debe de devolverse. Ocupar lugares diferentes en cada persona.
Sin fechas, sin rostros que no sean míos, ni recuerdos de agridulce compañía. Si no, para que volver?